Carta Pastoral, “EL SERVICIO, PESEBRE DONDE NACE DIOS”

 


MONSEÑOR ALEX BLANDÓN
POR GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA
OBISPO DIOCESANO DE LA DIÓCESIS DE DOLORES

 

“EL SERVICIO, PESEBRE DONDE NACE DIOS”
Carta Pastoral



Amados hermanos, el misterio de la Navidad nos revela que Dios se abaja hasta lo más humilde para hacerse cercano. El Verbo eterno, por quien todo fue creado, eligió nacer en un pesebre, signo de pobreza y sencillez. Allí se manifiesta que la grandeza de Dios no se impone con poder humano, sino que se revela en el servicio humilde. El pesebre es la primera cátedra de Cristo, donde nos enseña que el amor verdadero se expresa en la entrega silenciosa.

El servicio desinteresado es participación en la kenosis del Hijo de Dios, quien “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo” (Flp 2,6-7). Dar sin medidas, sin esperar recompensa es entrar en la lógica de la encarnación: hacerse pequeño para que el otro viva, vaciarse de para que Dios sea todo en todos.

En el pesebre de Belén no había títulos ni cargos, sólo disponibilidad y amor. María, la humilde esclava del Señor, ofreció su sin condiciones; José, el justo, sirvió en silencio, protegiendo y sosteniendo. Así también, el servicio auténtico no depende de reconocimientos ni de posiciones visibles, sino de la capacidad de amar sin medida. Cada gesto gratuito es prolongación del pesebre, donde Dios sigue naciendo.


Servir es profundamente eclesial, porque la Iglesia misma nace del costado abierto de Cristo, signo supremo de entrega. Cuando servimos sin buscar prestigio, hacemos visible la comunión que nos constituye como Cuerpo de Cristo. Como enseña el Señor: “El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor” (Mc 10,43). La grandeza de la Iglesia no está en sus estructuras, sino en la caridad que se hace servicio.

La Navidad nos recuerda que Dios se hace presente en lo pequeño: un niño envuelto en pañales, un pesebre improvisado, unos pastores que se acercan. Así también, el servicio cotidiano dar tiempo, escuchar, acompañar, compartir lo poco— es lugar de epifanía. Allí, en lo sencillo y oculto, el Emmanuel se manifiesta. Servir es abrir espacio para que Dios se encarne en nuestra historia.

El servicio es también profético, porque denuncia la lógica del poder y del egoísmo. Frente a un mundo que mide el valor por la utilidad o la apariencia, proclama que la verdadera dignidad está en la entrega. Como dice Jesús en el juicio final: “Lo que hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40). Ofrecerse sin esperar nada es reconocer en el otro el rostro mismo de Cristo.

Ahora bien, en este espacio digital donde convivimos, en esta comunidad católica que se reúne en Minecraft, el servicio tiene un lugar. Acá, construir juntos una iglesia virtual, organizar celebraciones, acompañar a los nuevos jugadores, es también un pesebre donde Dios nace. El servicio en estos espacios muestra que el Evangelio puede encarnarse en todo ámbito de la vida hasta en lo digital y es prolongar la humildad del pesebre en un espacio nuevo y creativo.

En este mundo digital, ofrecerse humildemente también se manifiesta en quienes dedican tiempo a enseñar, a guiar, a crear espacios de oración y fraternidad. No importa si nadie lo reconoce; lo que importa es que Cristo se hace presente en esa comunión. Cada gesto de entrega en la comunidad digital es un pesebre donde Dios nace. Así, la Navidad se convierte en acontecimiento vivo también en los espacios virtuales.

La comunidad católica en Minecraft es signo de que el Evangelio puede encarnarse en todo ámbito de la vida. Servir allí, sin buscar protagonismo, es crear un pesebre sencillo en un espacio donde también nace la luz. Cada bloque colocado para levantar un templo, cada gesto de ayuda al hermano en el juego, cada palabra de ánimo en el chat, es un servicio que construye un pesebre espiritual donde Cristo puede nacer.

No es un pesebre de madera y paja, sino de gestos fraternos, de manos que se extienden, de corazones que se abren. Allí nace el Niño Dios cada vez que alguien se olvida de para pensar en el hermano. Así, la Navidad deja de ser sólo un recuerdo y se convierte en acontecimiento vivo: Dios sigue naciendo en medio de nosotros.

Queridos hermanos, los invito a que nuestra Iglesia, tanto en la vida real como en lo digital, sea un pesebre abierto, donde cada servicio humilde sea signo de la presencia de Cristo. Que no busquemos honores ni reconocimientos, sino la alegría de servir. Que cada gesto de entrega verdadera sea participación en el misterio de la encarnación, donde Dios se hace pequeño para salvarnos. Que María y José nos enseñen a entregarnos con amor, y que el Niño de Belén encuentre siempre un lugar en nuestros corazones y en nuestras comunidades, físicas y digitales.


Con afecto pastoral,



  Mons. Alex Blandón

Obispo Diocesano




Artículo Anterior Artículo Siguiente